Aqui os dejo unas espectaculares fotos de cortejos fúnebres. Este primero es el de Wagner por las calles de Bayreuth el 18 de febrero de 1883.
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Algo sobre Mahler
La infancia de Gustav Mahler y su vida familiar no fue de las más felices.
Su padre,
Bernhard Mahler poseía una taberna y allí era ayudado por todos los integrantes de la familia. De acuerdo a lo señalado por Gustav, su padre era un
hombre violento, autorita

rio, de pésimo carácter y a quien incluso sorprendió en reiteradas ocasiones teniendo relaxiones sexuales con mujerzuelas del lugar.
En cambio, la madre de Gustav era una humilde mujer, dulce y silenciosa, poseedora de un notable refinamiento que le valió el apodo irónico por parte de su irascible esposo de "la
duquesa". Vivió una vida solitaria y silenciosa junto a su marido y sufrió con total pasividad los castigos que él solía infligirle en frecuentes momentos de brutalidad. El pequeño Gustav
presenció varias de estas brutales golpizas propinadas a su madre.
Años más tarde, estas situaciones traumáticas serían reveladas por
Mahler en la famosísima y única sesión psicológica que mantuvo con Freud.
Al año de la vida de Gustav, la familia se trasladó a Iglau, una ciudad-fortaleza ubicada ya en zona morava. Allí el padre debió luchar con admirable constancia por el logro de una buena
posición. Después de muchos esfuerzos pudo instalar una taberna, la que junto con una destilería de vinagre y otros productos, permitieron facilitar la vida familiar. Por fin, en 1873, Bernhard
fue desi

gnado ciudadano de Iglau lo que aumentó su creciente prestigio. Transformado en burgués, dejó al morir una discreta fortuna. Nada de ello en
cambio alcanzó a su mujer, la desdichada Marie, quten presenció la muerte de ocho de sus hijos y sufrió la total negligencia y agresividad de su marido a quien sobrevivió apenas seis
meses.
En Iglau, Gustav Mahler comenzó a familiarizarse con las canciones populares y la música militar que suelen infestar sus obras más importantes. Es que sin dudas, los hechos de su infancia (en
su mayoría de cariz trágico) quedaron estrechamente ligados a su sensibilidad. Entre 1869 y 1875, Gustav asiste a las clases del Colegio de Gramática de Iglau pero ya su talento musical se hace
notar cuando encuentra un piano en el altillo de la casa de su abuela.
Sus padres deciden llevarlo ante el
mítico Julius Epstein, importante profesor del
Conservatorio de Viena.
Mahler tocó ante él algunas de las piezas pianísticas que ya había compuesto en sus quince años de edad. La anécdota del encuentro entre Epstein, padre
e hijo, fue contada por el propio Epstein en estos términos:
"Me hallaba en Baden cuando me avisaron que un destilero de Iglau, llamado Bernhard Mahler había venido a verme con su hijo. 'Este es mi hijo Gustav que está convencida de que quiere ser
músico, sin embargo, yo preferiría mandarlo a una Academia comercial o a la Universidad para que después pueda hacerse cargo de mi destilería. Pero mi hijo no quiere saber nada de eso', explicó
Mahler padre sin mayor entusiasmo. Miré al niño que no tenía aspecto de sentirse intimidado y por el contrario daba la impresión de alguien capaz de labrarse su propio destino. Pensé que esa
cara exhibía un carácter nada común. Me pregunté si podría decidir su futuro mientras lo miraba. 'Qué tarea dificultosa' pensé; luego le pedí que tocara algo. Después de unos minutos lo
interrumpí y me dirigí al padre: 'Señor Mahler, su hijo ha nacido músico'. Sorprendido y disgustado, el hombre replicó: 'Pero, Señor Profesor, usted acaba de decir que es difícil decidir el
destino de un joven, ¿cómo se siente ahora capaz de juzgarlo si lo ha oído apenas cinco minutos?'. 'Le aseguro Señor Mahler que no soy tan presuntuoso corno usted cree. En este caso no puedo
equivocarrne. Este joven tiene espíritu, pero no del tipo que usted necesita para encarar el espíritu de su negocio...".
Treinta y seis años después, en 1911, Epstein todavía recordaba la gratitud en los ojos de Gustav.
Uno no puede

menos que agradecer desde la distancia al viejo profesor Epstein, quien, con una simple intuición favoreció la vida musical de Mahler en un
momento crítico de su evolución.
A raíz de lo acontecido fue enviado a Viena para estudiar en el Conservatorio. En 1875, Gustav conoció a Anton Bruckner, un hecho que paree haberlo conmovido notoriamente y sobre el que se han
tejido todo tipo de inexactitudes, las que llevaron a muchos críticos antiguos (hay algunos que sobreviven) a comparar sus respectivos estilos. Conviene aclarar aquí cuál fue la relación
personal entre ambos hombres. Si bien al comienzo,
Mahler se inscribió en los cursos de Armonía que daba Bruckner, no parece haberse sentido particularmente convencido por las
maneras simplonas e ingenuas del organista de San Florián, las cuales se extendían a su criterio pedagógico. No obstante siempre admiró la maestría de su arte (tan aparente mente opuesto a la
personalidad de su autor) y de hecho, realizó una reducción y arreglo (junto con su amigo Krzyzanowski) de la Sinfonía N° 3 de Bruckner. Por el otro lado también hubo marcada admiración y estima,
aunque Bruckner se hizo famoso por no escatimar nunca elogios a nadie.
EL ACORDE TRISTÁN
El famoso “Acorde Tristán”, que aparece por primera vez en el tercer compás del preludio. El acorde consiste en un tritono (o cuarta aumentada), fa y
si abajo de do central (do4) y arriba de él, una cuarta: re
sostenido y sol sostenido. En este acorde, dice el autor, hay una tremenda tensión interna en busca de una resolución, pero de las cuatro veces que
este acorde aparece en los primeros 14 compases del Preludio, sólo se resuelve en la dominante 7ª; un acorde irresoluto de por sí y que clama por una resolución. Y cuando al final se alcanza un
acorde estable en fa mayor en el compás 18, inmediatamente es desestabilizado por una nota baja elevándose un semitono medio compás adelante, y así sucesivamente.
Los semitonos son de hecho la clave del nuevo sistema armónico inventado por Wagner en “Tristán” para expresar el anhelo ilimitado del amor romántico. Los semitonos “actúan como un virus; no
hay sonido que esté a salvo de ellos y no hay nota que pueda estar cierta de que no variará hacia arriba o hacia abajo”. Los acordes así fraccionados continuamente, reparados e
inmediatamente fraccionados otra vez, constituyen una procesión implacable de estados de tensión irresoluta, que corresponde perfectamente en música al deseo mutuo de los amantes, “creciendo
inmensurablemente como un resultado de la imposibilidad de encontrarse plenamente”.
http://www.youtube.com/watch?v=fktwPGCR7Yw
Los beneficios de tocar un instrumento
Practicar de forma habitual mejora las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial.
La música es un creciente campo de investigación en la manera de entender los procesos mentales implicados en el comportamiento. Una investigación reciente asegura que la práctica musical se
asocia con la plasticidad estructural y funcional del cerebro que, a su vez, confirma que éste puede ser modelado a través de la experiencia. Por este motivo, cada vez más especialistas
recomiendan una formación musical para mejorar las habilidades lectoras y de escritura, sobre todo, en niños con dislexia.
Durante la última década se ha generalizado la investigación con músicos profesionales para el estudio de la plasticidad del cerebro. El motivo parece claro: para lograr una gran velocidad en los
dedos, un músico necesita un gran entrenamiento mental. Un estudio realizado hace varios años ya concluía que un buen pianista o violinista pueden llegar a practicar 7.500 horas antes de cumplir
18 años. Los trabajos elaborados con este grupo parecen verificar los beneficios que experimenta la fisiología cerebral cuando se aprende a tocar un instrumento. Lutz Jäncke, profesor del
Instituto Tecnológico de Zúrich (Suiza), ha recogido la mayor parte de los estudios realizados en la página web "Faculty of 1000", donde más de 2.000 científicos relevantes opinan sobre la
investigación científica principal.
Mejorar la inteligencia
Jäncke propone la música como terapia neuropsicológica, ya que mejora, sin duda, las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial (capacidad para percibir de forma
detallada el mundo y formar imágenes mentales de los objetos). Esta última es fundamental para los pensamientos de la vida cotidiana, desde solucionar problemas matemáticos complejos hasta
envolver el almuerzo diario.
Un estudio llevado a cabo con niños de seis años, a quienes se enseñó a tocar un instrumento durante 15 meses seguidos, demostró que, al final del entrenamiento musical, todos los menores
experimentaron cambios en su anatomía cerebral. Las áreas usadas para procesar la música resultaron ser mayores y más activas. Publicado recientemente en la revista "Journal of Neuroscience", es
el primer estudio que se realiza sobre esta temática.
Las regiones afectadas empiezan a cambiar, incluso, a los pocos meses de iniciar el entrenamiento musical. Otra investigación canadiense de la Universidad McMaster, elaborada en 2006, señalaba
que los cambios se comienzan a detectar a partir de los cuatro meses de enseñanza.
Terapia musical
Las regiones del cerebro implicadas en el procesamiento de la música también son necesarias para otras tareas, como la memoria o habilidades del lenguaje. Por tanto, "si la música tiene una
fuerte influencia en la plasticidad del cerebro, es posible que este mismo efecto pueda utilizarse para mejorar el rendimiento cognitivo", asegura Jäncke. Por este motivo, propone aprender a
tocar un instrumento como terapia neurocognitiva. Uno de los estudios más importantes en este sentido lo realizó Teppo Sarkamo, neurólogo de la universidad de Helsinki, en 2008.
En él, intentó examinar si escuchar música a diario aumentaba las probabilidades de recuperar las funciones neurocognitivas y del estado de ánimo tras un accidente cerebrovascular (ictus). Los
resultados mostraron una mejora significativa en la recuperación de la memoria verbal y de la capacidad de atención. También hubo una mejora sustancial del estado de ánimo. Según Jäncke, la
música puede utilizarse como una herramienta no invasiva para terapias neurológicas. La formación musical, además, podría mejorar las habilidades lectoras y de escritura, más si se utiliza con
niños disléxicos.
Todo ventajas
Además de los beneficios fisiológicos citados, la práctica de tocar mejora el estado anímico de los niños y su relación con los demás. Carolyn Phillips, directora ejecutiva de la Joven Sinfónica
de Norwalk es autora de "Twelve Benefits of Music Education", donde enumera las ventajas globales de la música. En el terreno individual, tocar un instrumento convierte a quien lo hace en una
persona metódica que cuida los detalles (de lo contrario, no suena bien), planifica bien las tareas y tiene mucha capacidad de atención. Esta conducta puede trasladarse a la labor propia del
estudiante, a quien se exige calidad y resultados.
La música es un medio de expresión, y una consecuencia de ello es una buena autoestima. Enseña a los jóvenes a vencer el miedo y asumir riesgos, aporta seguridad y autoconfianza. Si se forma
parte de una orquesta o grupo, la práctica mejora el trabajo en equipo (para lograr un objetivo único) y la disciplina: para que una orquesta suene bien, el conjunto debe trabajar en armonía.
Favorece el compromiso para aprender, asistir a los ensayos y practicar en casa.
MI PRIMER INSTRUMENTO MUSICAL
Los niños atraviesan un periodo en el que la melodía y el ruido son lo mismo: un simple efecto sonoro. En este aprendizaje, cualquier instrumento de percusión es su favorito, y cualquier elemento
es susceptible de ser un tambor. El psicólogo Jean Piaget asegura que en este momento el niño tiene delante un objeto de curiosidad por descubrir. Pero llega un momento en que el niño, si muestra
interés por la música, querrá ir más allá. La mejor edad para iniciarse en el estudio musical, con un instrumento "de verdad", es a partir de los cinco años.
Sin embargo, no se recomienda a los padres imponer este aprendizaje y se aconseja que sea el propio niño quien escoja el instrumento que quiere aprender a tocar, si bien el piano y la flauta son
los dos que menos exigen a los niños de esta edad. Si se decide contratar a un profesor, es esencial que éste tenga experiencia previa con niños muy pequeños, ya que el aprendizaje difiere al de
los adultos. La enseñanza más adecuada a estas edades aprovecha la imaginación y la espontaneidad del menor, en lugar de imponer una disciplina cerrada, con el objetivo de que las clases se
conviertan en una sesión de juegos con música y movimiento, no una tarea obligatoria.